En una entrada anterior hablamos del concepto nietzscheano del Eterno Retorno. En este tiempo infinito las fuerzas finitas se reordenan y vuelven a tomar una misma forma, y así retornan, para nuestro asombro y perplejidad.
La explotacion de las salitreras por capitalistas extranjeros entre 1889 y 1920 trajeron un gran auge económico al Estado de Chile producto del impuesto que se cobraba a las exportaciones. El optimismo era tal que incluso en algunos periodos se llegó a suprimir el impuesto a la renta.
El resultado es conocido: se inventa el salitre sintético y Chile se encuentra sin haber sido capaz de construir una industria nacional sustentable en el tiempo y que no dependiera solamente del salitre. Chile no era el pueblo de Chile; era más bien ese grupo de poderosos que descendían de los Encomenderos.
El retorno de los mismos y sus mismas conductas es evidente.
Hoy,en el 2010, 28 deciden por 17 millones. Y deciden pensando en ellos. Lo que es bueno para mí, es bueno para los demás. ¿Y si así no fuera? El poder de los nuevos encomenderos es implacable.
El Eterno retorno nos demuestra que en nuestro Chile, el poder sigue estando en manos de personas sin visión ni sabiduría. Hay países desarrollados con la misma cantidad de años de historia independiente que Chile, y sin embargo una y otra vez--en un maldito y trágico eterno retorno--esos pocos encomenderos resuelven el futuro del país a espaldas de la mayoría.
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