viernes, 4 de marzo de 2011

Libertad de Expresión

Si recuerdo bien fue el año 2001 cuando en Paris se realizó la Feria de la Libertad de Expresión. Las minorías  acudieron a expresar sus pensamientos, sentimientos e ideas. Discriminados por su orientación sexual, política, económica, religiosa, se dieron cita en esa fiesta de la libertad. Todo iba bien hasta que llegaron los neo nazis a exigir su lugar y su derecho a expresarse. La negativa terminó en una batalla campal y el cierre y término de la feria.
En esa época me encontraba actuando en una obra de Shakespeare en Nueva York y compartía camarín con un colega homosexual. El me hizo ver lo aberrante de la situación. Me comentaba que sin importar cuan terrible fuera lo que ellos representaban, deberían haberles permitido expresar sus ideas. "Así uno puede saber lo que dicen, saber lo que piensan, y de esa manera se les puede rebatir con ideas" Lo contrario es hacer que su odio y su resentimiento, producto del rechazo y el destierro, solo crezca en el silencio y la oscuridad. Aprendí el valor de la libertad de expresión.
Ayer leí con estupor y un poco de miedo que los seguidores de Pinochet y la dictadura había celebrado con una misa el día de los presos políticos militares, "aquellos chilenos que combatieron al terrorismo marxista".
Me acordé entonces de mi colega actor. Después de todo, tal vez es mejor así.

jueves, 3 de marzo de 2011

Edipo Rey y el senador Carlos Larraín

El escritor Milan Kundera nos entrega una lectura del mito de Edipo Rey que debe hacernos reflexionar.
Siendo joven, Edipo conoce su destino: ha sido condenado a asesinar a su padre, casarse con su madre y tener hijos con ella. De espíritu noble, Edipo hace todo lo humanamente posible por evitar tan trágico devenir. Sin embargo, todos los caminos lo llevan indefectiblemente a consumar su tragedia. En este contexto, el Rey Edipo podría haber alegado inocencia: no es responsable de sus acciones, así estaba escrito, quien habló fue la ley divina y no su conducta personal. Edipo nos sorprende cuando no obstante lo anterior, se saca los ojos clavándose un álfiler en ellos, diciendonos así que es culpable a pesar de todo. No puede alegar inocencia. Ante el peso moral de su horrenda y trágica acción, no hay atenuante que valga.
Don Carlos Larraín, se opuso con toda su fuerza a la designación de un parlamentario durante el gobierno de Michelle Bachelet. Y tenía razón. Ahora que le tocó a él, alega que la ley le permite hacer aquello que hace poco le parecía moral, ética y política muy incorrecto.
Pareciera ser que la ley lo declara inocente. Pero, ¿y la conciencia? ¿Y el deber moral de hacer el bien y actuar correctamente apegado a valores y principios éticos?
Tal vez en este momento le corresponde sacarse los ojos con un alfiler.