El escritor Milan Kundera nos entrega una lectura del mito de Edipo Rey que debe hacernos reflexionar.
Siendo joven, Edipo conoce su destino: ha sido condenado a asesinar a su padre, casarse con su madre y tener hijos con ella. De espíritu noble, Edipo hace todo lo humanamente posible por evitar tan trágico devenir. Sin embargo, todos los caminos lo llevan indefectiblemente a consumar su tragedia. En este contexto, el Rey Edipo podría haber alegado inocencia: no es responsable de sus acciones, así estaba escrito, quien habló fue la ley divina y no su conducta personal. Edipo nos sorprende cuando no obstante lo anterior, se saca los ojos clavándose un álfiler en ellos, diciendonos así que es culpable a pesar de todo. No puede alegar inocencia. Ante el peso moral de su horrenda y trágica acción, no hay atenuante que valga.
Don Carlos Larraín, se opuso con toda su fuerza a la designación de un parlamentario durante el gobierno de Michelle Bachelet. Y tenía razón. Ahora que le tocó a él, alega que la ley le permite hacer aquello que hace poco le parecía moral, ética y política muy incorrecto.
Pareciera ser que la ley lo declara inocente. Pero, ¿y la conciencia? ¿Y el deber moral de hacer el bien y actuar correctamente apegado a valores y principios éticos?
Tal vez en este momento le corresponde sacarse los ojos con un alfiler.
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