En el mundo de los actores de teatro existe el concepto de "robar escena".
A diferencia del cine, donde el ojo del espectador sólo puede ver lo que la edición final selecciona, en el teatro, la audiencia tiene el cuadro completo con todos los actores en escena. Si bien es cierto que, entre otras cosas, la labor del director es guiar la mirada del público poniendo más énfasis en un personaje que en otro, al final es el espectador el que decide lo que mira.
Por un lado, un buen actor casi siempre "robará escena" por cuanto el espectador siempre se sentirá atraído por mirarlo. Por otro lado, un mal actor hará cosas desmedidas, disonantes, arrítmicas, fuera de contexto con tal de ganar la mirada del público y así "robar escena". El primero puede robar escena sin quererlo y sin saberlo; el segundo, lo hará a propósito desnudando así su mediocridad, inseguridad y falta de talento.
Cuando el actor roba escena a propósito, lo que hace no es sólo desviar la atención de la mirada del público hacia su persona, sino que también desvía la mirada y la atención de la historia que se cuenta sobre el escenario. El trabajo de los actores es un trabajo en equipo, por lo que cada uno cumple una determinada parte, lo mismo que una pieza en un reloj. Así, todos juntos cuentan una sola historia donde cada uno asume un rol distinto en diferentes momento. En un minuto uno de ellos será el protagonista para luego tener una posición más secundaria. El buen actor sabe esperar su momento; el mal actor siempre necesita que todo momento sea su momento, quiere actuar todos los roles, como si no necesitara a nadie más. Esta actitud lleva de manera indefectible al fracaso de la obra, arrastrando a todo el equipo de trabajo con él. Al robar escena, el actor desvirtúa el trabajo de equipo, evidenciando egoísmo, narcisismo y pobreza espiritual. En definitiva, necesita robar todos los momentos para si mismo.
Marcelo Bielsa demostró tener todas las virtudes de un buen actor. Robó la escena nacional sin proponérselo, y aún así, siempre supo cuando asumir un rol secundario.
Sebastián Piñera ha demostrado tener todos los defectos de un mal actor. Roba escena deseperadamente, siempre queriendo ser el protagonista de todo y de todos, con el único resultado de arruinar todas las historias en que participa.
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