lunes, 8 de noviembre de 2010

Eterno Retorno

Una de los conceptos más misteriosamente atractivos de la filosofía moderna es el del Eterno Retorno, concebido por Nietzsche en el Siglo XIX. La fuerza que existe en el universo es finita, y el tiempo es infinito, por lo que estamos condenados a que las cosas se repitan no una, sino muchas veces, hasta el infinito.
Poco tiempo antes del Golpe de Estado de Septiembre de 1973, Augusto Pinochet, Comandante en Jefe del Ejército, nombrado por Salvador Allende, Presidente de la República, le había jurado lealtad a su superior jerárquico, el mismo Presidente de la República. Se dice que incluso el Presidente le habría comunicado a su dirigido sus planes para dar una salida a la crisis política que se vivía. No sabemos lo que el subalterno le dijo, pero sí sabemos lo que no le dijo; ya que de habérselo dicho, el Presidente habría tomado las medidas para evitar lo que luego sucedió. Y así, el Golpe lo pilló de sorpresa
Hace pocos días atrás, Harold Mayne-Nicholls, presidente de la ANFP, le comunicó a Jorge Segovia, Presidente de Unión Española, su programa de trabajo con miras a la votación que se aproximaba, toda vez que la palabra (es decir, el voto) de éste último había sido empeñada.  No sabemos lo que el subalterno le dijo al presidente, pero sí sabemos lo que no le dijo; ya que de habérselo dicho, el presidente de la ANFP habría tomado las medidas para evitar lo que luego sucedió. Y así, el golpe lo pilló de sorpresa.
La idea del Eterno Retorno nos deja perplejos y nos aterra cuando constatamos que la piedra con la que tropezamos puede recuperar su existencia.

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