lunes, 10 de enero de 2011

El olor me produce la jaqueca

Quienes aman el teatro, pero son legos en las técnicas y métodos del actor, suelen confundir la realidad del actor con la ficción del personaje. A menudo se preguntan si el actor realmente se transforma en el personaje que interpreta. Más allá de responder a esa inquietud, es relevante el trasfondo de la pregunta, que pareciera suponer que la creación artística podría suplantar a la realidad.
Ambas, el amor por el teatro y la representación que el actor realiza, parecen ser parte de las aficiones del Ministro Kast. De otra manera cuesta comprender que haya llevado a un actor para representar a un mendigo frente a los empresarios en la última ENADE. El no llevar a un mendigo real permite concluir que el Ministro debe haber pensado que el trabajo del actor reemplazaría la realidad; es decir, al final representación y realidad pueden confundirse y al difuminar los límites de la una y la otra, crear la percepción de que son una sola.
Hay historias conocidas de actores muy talentosos que han hecho creer al público que lo suyo no es una actuación. Tal es el caso de Marlon Brando, que cuando entraba a escena como Stanley Kowalski, en El Tranvía llamado Deseo, personas del público creían que un trabajador del teatro se había entrometido en el escenario. Tal era la verdad que emanaba de su actuación.
Es probable que el joven Ministro haya escuchado esta historia y apostó por producir algo similar en el empresariado. Esta es una hipótesis.
Puede haber otra. Tal vez, el ministro leyó a Bertolt Brecht y recordó el parlamento de la princesa en El Círculo de Tiza Caucasiano: "Amo a la gente pobre con su mentalidad recta y sencilla; es el mal olor el que me produce la jaqueca"
Probablemente el Ministro quiso evitar una nauseabunda y muy desagradable jaqueca entre los asistentes al no llevar a un mendigo de verdad.

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